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BALNEARIO - Ficha del establecimientoHAMMAM BAÑOS ÁRABES(Granada,Granada)
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Dirección
C/Santa Ana, 16. Granada (Granada) C.P. 18009 - España
cómo llegar »
Contacto
Tlfn. 902333334 (central de todos los baños)
Tlfn2. 958229978 (reservas)
Fax. 958292469
Horarios
Abierto todos los días incluidos domingos y festivos desde las 10:00 hasta las 23:30.
Tarifas Especiales: de lunes a jueves en temporada baja para los turnos 10:00 - 12:00 - 14:00 - 23:30
Idiomas
Características Generales
Construcción: Edificio histórico reformado
Situación: Dentro del casco urbano
Entorno en el que está ubicado:
Natural, Urbano
Vistas:
Monumento
Acceso al establecimiento:
Señalización de acceso, Asfaltado
Descripción
Situados frente a la Alhambra, ponemos a disposición de sus sentidos el placer de disfrutar de nuestros Baños Árabes. Es necesario hacer reserva previa en el 902333334(en nuestra central) o llamamdo al 958 22 99 78
Historia
EL HAMMAM, UNA FIESTA PARA LOS SENTIDOS.
En plena Edad Media , cuando la España cristiana atravesaba un periodo de oscurantismo en el que ni siquiera se planteaba ningún tipo de higiene y mucho menos la personal, la Córdoba musulmana contaba con mas de seiscientos baños árabes públicos. Herederos de las termas romanas, algunos eran muy humildes y económicos; otros, todo un lujo para sibaritas. Sus muros estaban alicatados y sus estancias separadas por arcos y columnas; los techos, abovedados y con lucernas. No solo servían como lugar de descanso, sino también de reunión social y política. El origen de esta antigua costumbre popular seguramente proviene de las recomendaciones que en cuanto a la higiene y a las preceptivas abluciones, el Islam supo siempre inculcar, ya que, según reza un hadith del Profeta: “la higiene es una manifestación de la fe” Así, limpiar y cuidar el cuerpo, además de ser una practica placentera, también es un acto de fe, en el que el agua se convierte en la manifestación generosa de lo creado y elemento purificador del cuerpo y del alma. Para el mundo islámico el agua es un don divino, pero también significa la sabiduría profunda y la pureza, la bebida por excelencia que apaga la sed del alma. Por todo ello el hammam se convierte en pasaje obligatorio para los grandes eventos de la vida: el nacimiento, la circuncisión y el matrimonio. Los marroquíes están convencidos de que a los genios (yenun) les gusta habitar donde hay abundante agua, y por tanto, que en los hammam hay genios que se apoderan de quienes vienen a molestarles de modo insolente. Por ello, cuando una recién casada, una parturienta o un recién nacido acuden a estos baños públicos para cumplir con el ritual, se encienden velas y se gritan “yu-yus”, invocando el beneplácito delos yen. En Marruecos cada barrio tiene su hammam, que generalmente comparte fuego y caldera con un horno anexo de pan. Hay días y horas reservados de manera alterna solo para mujeres, o solo para hombres. En algunas regiones o entre las familias mas tradicionales, el hammam, es especialmente para las mujeres, una de sus distracciones favoritas y todo un ritual generador de belleza y sensualidad, que tiene sus propias normas. En este sentido, el hammam resulta el espacio adecuado para introducir a los niños en la educación sexual, familiarizándose desde muy pequeños con el cuerpo humano, sin los tabúes que en general se observan en otras religiones. Al tiempo, es el lugar donde mejor se desvanece cualquier desigualdad de índole social. El hammam es un lugar en el que los hombres, reunidos, se parecen todos, ya sean criados, ya sean señores. El hombre se codea con gentes que no son sus amigos, y su enemigo puede ser su compañero. En las viejas medinas todavía se mantiene en funcionamiento alguno de estos baños de arquitectura tradicional, revestido por completo del zel-lig (azulejos), con una fuente central de la que mana agua. Los modernos son mas sencillos, aunque algunos quieren imitar los mismos rasgos artesanales. Están formados por tres salas correlativas, que van sumergiendo al bañista de manera paulatina en diferentes temperaturas ambientales, cada vez mas elevadas. En la ultima de las estancias, una pequeña alberca recibe un chorro de agua en ebullición junto a otro de agua fría, que hacen rebosar el nivel de las misma. El truco, si es que lo hay, consiste en verter un cubo de agua caliente sobre las diferentes partes del cuerpo hasta que se dilatan los porros de la piel y, antes de aplicar cualquier tipo de gel o jabón, restregarse bien con una esponja rasposa o una piedra pómez para eliminar las toxinas muertas, mas bien “negras”. Los goterones de sudor resbalaban abundantes y a veces se hace necesario un poco de agua fría. Unos a otros , los usuarios del hammam se masajean y frotan la espalada hasta casi irritar la epidermis, compitiendo en brío. Y es que a los marroquíes les va la honra en ello. Todo siempre en un ambiente de recatado pudor, que en principio no permite exhibirse mas allá de la discreción. Existe además un personal que asiste a los bañistas, si estos lo desean, frotándoles o masajeándoles. Las tayabastes a las mujeres; los kiyassas a los hombres. Las mujeres marroquíes, quienes para realzar sus encantos naturales acostumbran a embadurnarse son extrañas pócimas y remedios caseros, suelen hacer del hammam casi un salón de belleza que a la vez les permite depilarse, desenredar el pelo y peinarse. Para el lavado del cabello usan una arcilla jabonosa llamada ghasul, diluida en agua de rosas y azahar, y para teñirlo y sanearlo, la tradicional henna, que después de llevar durante varias horas o incluso varios días, repartida por la cabeza, a modo de pasta, acostumbran quitarse durante su estancia en el hammam. Los empleados y empleadas vierten agua de manera constante sobre el suelo, en el que es fácil resbalar, con los restos de ungüento y jabones . Los niños se rebelan entre gritos y lloros, ante el enérgico fregado a que las madres les someten. Los clientes parecen no tener nunca prisa por terminar, y en ellos se advierte una cierta sensación de libertad, que sin duda producen el espacio y la falta de temor a manchar o salpicar mas allá de la bañera convencional. En el fondo, se aprovecha la excusa de la higiene personal para abandonarse a lo que supone un autentico placer relajante de tensiones. Antes de salir a la calle, los marroquíes, que son extremadamente aprensivos con las corrientes de aire y los cambios de temperatura, toman su tiempo para enfriarse en la sala de relajación. Las mujeres envuelven entonces su cabeza con un fular –los hombres la suya con una toalla- y se marchan a casa tan felices, despidiendo a su paso un especial olor a limpio que distingue a los días de cita con el hammam. Como colofón de fiesta, una rica merienda que generalmente se compone de huevos cocidos, almendras, dulces, zumos de fruta y el insustituible te con hierbabuena. Al regreso a casa, las mujeres mas tradicionales, al igual que hacían las de antes, se emperifollan con sus mejores caftanes y abalorios y , perfumadas y bien acicaladas, esperan sugestivas la llegada del marido. La magia de los tratamientos de belleza y el ritual del hammam no solo se debía a la sensación de haber renacido, sino a la de haber sido tu misma el agente de ese renacimiento.
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